El bloqueo y el paso del cangrejo

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El bloqueo y el paso del cangrejo

Titulares contradictorios llegan desde uno y otro lado del Estrecho de La Florida. Dos años después de que Estados Unidos y Cuba decidieran superar sus diferendos y construir una relación diplomática basada en el respeto y la colaboración, el mundo ha sido testigo de avances en el establecimiento de puentes entre ambos pueblos aunque el principal escollo a esa voluntad se mantiene inamovible.

En el Capitolio norteamericano la demócrata Heidi Heitkamp, legisladora por Dakota del Norte, y el republicano John Boozman, por Arkansas, presentaron una iniciativa destinada ayudar a los agricultores norteamericanos que busca el levantamiento de las restricciones a la financiación privada para realizar exportaciones agrícolas a Cuba.

Mientras, la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC) impone sendas multas a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por montos de 10 000 y 955 750 dólares, respectivamente, por violar las regulaciones del bloqueo a la Isla.

Ese doble discurso no hace sino ratificar el descalabro de una política que se remonta al propio Triunfo de la Revolución Cubana y que se oficializó el 3 de febrero de 1962 mediante la Orden Ejecutiva 3447, firmada por el entonces presidente John F. Kennedy.

La agresión había comenzado antes, desde que en 1959 el Gobierno Revolucionario aplicara la Ley de Reforma Agraria y Washington amenazara con eliminar la cuota azucarera. Independientemente de lo que hubiera pasado en la Isla caribeña la decisión ya estaba tomada, por el peligro que representaba su ejemplo para el resto de América Latina.

En la década de 1990, con la caída del campo socialista, desde la Casa Blanca y el Congreso apostarían todo al tiempo y los efectos del bloqueo, cuando las leyes Torricelli y Helms-Burton, blindarían esta política. La acción pondría contentos a los enemigos de la Revolución, pero aglutinó más al pueblo alrededor del proyecto social cubano.

Más de cinco décadas después, la aplicación del bloqueo ha sido la crónica de un fracaso. Si bien las pérdidas económicas para Cuba han sido millonarias y se encuentra limitada su inserción en la economía mundial y su propio desarrollo, la condena mundial al bloqueo ha dejado aislado al gobierno norteamericano y las restricciones que provoca en el pueblo, lo llevaron a encontrar otras vías para el progreso.

La inhumana regulación, de carácter extraterritorial, ha sido condenada en la ONU en más de 20 ocasiones y en la última sesión en que el tema se llevó a debate, Samantha Powers, representante de EEUU ante la organización mundial reconoció que esa política aislaba a su país y provocaba incontables daños en el pueblo cubano.

La abstención de Washington en el foro global se correspondió con una serie de medidas y directivas presidenciales que en los dos últimos años de su mandato emitió Barack Obama que significaron un avance en el debilitamiento de esta ley genocida, pero tuvieron el hándicap de estar orientadas a los intereses hegemónicos y subversivos propugnados por el smart power que se había hecho del poder en el Despacho Oval.

Josefina Vidal, Directora Ge­neral de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), ha declarado al respecto que las medidas dispuestas por Obama fueron positivas pero tienen un alcance muy limitado porque contienen en sí mismas concepciones y propósitos que se contraponen al objetivo declarado de normalizar las relaciones con Cuba.

Para José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en EEUU, los avances logrados hasta el momento dicen de modo claro que la política anterior falló porque no obtuvo resultados, no porque los objetivos estuvieran equivocados, y Washington mantiene su retórica que habla de cuestiones que son totalmente injerencistas para la soberanía cubana.

Para estos diplomáticos y expertos internacionales el mantenimiento del bloqueo, que solo puede ser derogado por el Congreso norteamericano, constituye actualmente el principal obstáculo al avance del proceso de normalización de relaciones entre los dos países vecinos.

Ello provoca que, por ejemplo, mientras se anuncia con optimismo la exportación de carbón vegetal cubano hacia la patria de Lincoln, el gobernador de La Florida prohíba la llegada del barco con la carga a puertos en ese estado y sea necesario aplicar una medida de choque.

Igual de contradictorias han sido las declaraciones y posturas del nuevo inquilino en la Casa Blanca, Donald Trump, quien ya ha convertido en directivas presidenciales gran parte de sus promesas electorales, aunque todavía no ha llegado en su orden de prioridades al tema Cuba.

Mientras llega ese momento será usual encontrar titulares contradictorios sobre el avance de la normalización de relaciones entre EEUU y Cuba, que por obra y gracia del bloqueo, avanza a paso de cangrejo (un paso para adelante y otro para atrás).

 

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