G20: una cumbre con cara de pocos amigos

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El tema central de la reunión del G20 fue el preocupante escenario de las finanzas a nivel internacional.

Tras las sonrisas de ocasión, el champán y la alfombra roja, la cumbre del G20 en Han­g­zhou, China, esconde profundas divisiones entre las principales potencias sobre cómo ma­nejar la reconfiguración del escenario geopolítico global, la desaceleración del crecimiento económico y el enfrentamiento a nuevas amenazas a la estabilidad en diversas regiones del planeta.

La cita reunió el domingo y lunes pasados a los líderes de las 19 economías más desarrolladas y de los principales países emergentes, más la Unión Europea como bloque.

Aunque el tema central de la reunión del G20 fue el preocupante escenario de las finanzas a nivel internacional, los asistentes no pudieron escapar de las turbulencias que llegan desde Oriente Medio, Ucrania y Europa, afectada por una ola migratoria sin precedentes.

El presidente ruso Vladimir Putin y su ho­mólogo estadounidense, Barack Obama, conversaron en privado sobre diversos temas, desde el conflicto en Siria hasta problemas de ciberseguridad.

Es el primer acercamiento personal que tienen ambos mandatarios desde la Conferencia del Clima en París en noviembre del año pasado, aunque se han reportado varias conversaciones telefónicas.

Obama se quejó de supuestos ataques de hackers rusos contra el Comité Nacional De­mócrata, que habrían filtrado información in­terna del equipo de campaña.

“Lo que no puede ser es que esto se convierta de repente en el salvaje Oeste”, dijo Oba­ma. Sin embargo, su país es el centro de un escándalo tras las revelaciones de Edward Snow­­den sobre cómo los organismos de seguridad estadounidenses espían las comunicaciones globales, incluidas las de varios mandatarios del mundo.

En el tema sirio, según las declaraciones posteriores, no se llegó a un acuerdo concreto que impacte en el terreno, donde las dos po­tencias actúan por su cuenta.

Mientras Moscú trabaja de conjunto con las autoridades del país árabe, Washington apoya públicamente a grupos rebeldes que buscan el derrocamiento del actual presidente sirio al tiempo que ataca posiciones del Estado Islámico.

“En vista de los problemas existentes en la confianza mutua, las negociaciones fueron duras”, reconoció Obama en conferencia de prensa.

Entretanto, Putin mostró un tono más conciliador y dijo que se lograron “acercar algunas posturas”, sin descartar la posibilidad de en­tendimientos en el futuro cercano.

“Todavía es pronto para hablar de todos los parámetros de nuestros acuerdos, pero espero que sean alcanzados y no tengo motivos para creer que esto no pueda ocurrir en el término de pocos días”, señaló Putin citado por Sput­nik.

La participación de Rusia en el prolongado conflicto sirio, que se ha convertido en otro foco de desestabilización en la región, fue un recordatorio de que el antiguo integrante de la Unión Soviética tiene los medios y la voluntad para actuar como una potencia de primer nivel. Quizá por eso el encuentro entre am­bos mandatarios suscitó tanto interés mediático.

Pero Obama hizo titulares antes. A su llegada al aeropuerto de Hangzhou descendió por una puerta poco conocida en la barriga del Air Force One y no por la escalerilla que utilizó el resto de los asistentes.

Los analistas internacionales hacen todo tipo de conjeturas sobre qué implicaciones puede tener ese detalle de protocolo en la política real entre las dos principales economías del mundo.

Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino apuntó que los estadounidenses no respetaron los arreglos previos que se habían hecho en materia de seguridad. “Us­tedes vieron a los líderes del resto de los países usar la escalerilla que proveyó China. ¿En­tonces por qué fue Estados Unidos el único que no la usó?”.

El funcionario descartó que estuviera en los planes de China afectar una cumbre de la que son anfitriones por primera vez en la historia.

DEL BREXIT A LOS ZAPATOS DE TEMER

La cumbre del G20 fue el primer gran evento internacional de la nueva primera ministra británica, Theresa May. Reino Unido es otro de los puntos rojos globales por las posibles consecuencias de su salida de la Unión Eu­ropea (UE), conocida como Brexit.

El comunicado final de la cita hace un aparte para señalar que las naciones del bloque se están preparando para enfrentar los posibles efectos negativos de la decisión de los británicos de salir del mecanismo de integración.

May —quien defendió la permanencia de Reino Unido en la UE, pero prometió que su gobierno respetaría el resultado del referendo del 23 de junio— enfrentó alguna de las contradicciones del futuro post-Brexit.

Criticó la política de fortalecer los sistemas de filtrado de los migrantes al considerar que eran difíciles de manejar y que no eran una “solución milagrosa”. Sin embargo, muchos de los partidarios del Brexit, que le tocará dirigir desde el número 10 del Downing Street, son fuertes defensores de esa estrategia.

El presidente argentino Mauricio Macri, por su parte, aprovechó la cita una vez más para hacer propaganda de los supuestos beneficios de invertir en su país.

Después de pagar millones a los fondos buitres, recortar los proyectos sociales del an­terior gobierno, cambiar la política monetaria en detrimento de los menos favorecidos y au­mentar las tarifas de los servicios básicos, Ma­cri dijo en Hangzhou que Argentina había ge­nerado las “condiciones para la inversión y la generación de empleo”.

Defendió los ajustes de los últimos meses, que han arrojado a cientos de miles de personas de nuevo a la pobreza, como “dejar atrás años de populismo y aislacionismo”.

El tono con el que el inquilino de la Casa Rosada clama por capitales extranjeros es, cuando menos, de urgencia. Sabe que solo miles de millones en inversiones foráneas pueden llenar el déficit económico y social del paquetazo neoliberal que aplica en Argentina. Y la historia re­ciente no habla muy bien a su favor.

Otro mandatario latinoamericano que lle­gó a China en estreno fue el brasileño, Michel Temer, quien ascendió a su puesto tras un gol­pe de Estado parlamentario-judicial contra la presidenta electa, Dilma Rousseff.

Temer, que cuenta con bajísimos porcientos de popularidad en su país, fue tendencia en las redes sociales por una foto que se filtró mientras compraba zapatos en una tienda de Hangzhou.

En una conferencia de prensa el domingo explicó a la prensa que se rompió el talón y por eso tuvo que comprarse unos zapatos nuevos.

BUENAS NOTICIAS

En medio de los conflictos, la Cumbre también dejó buenas noticias. Los líderes de Rusia y Arabia Saudita lograron firmar una declaración conjunta con miras a recortar producciones y estabilizar el mercado petrolero. Minu­tos después del anuncio, el precio del crudo registró un alza en los principales indicadores de referencia.

Putin declaró, además, que considera justo que Irán bombee la cantidad de petróleo previa a la imposición de sanciones internacionales, lo cual es un respaldo importante a las in­tenciones de la nación persa.

El mandatario ruso también conversó con la canciller alemana, Angela Merkel, durante casi dos horas. Según los medios internacionales, el encuentro abrió la posibilidad de una nueva reunión internacional para abordar el conflicto en Ucrania.

Obama y su homólogo chino, Xi Jinping, ratificaron formalmente el acuerdo climático de París poco antes de la Cumbre e instaron a otros países a que los sigan. Los demás miembros del G20 acordaron adherirse al acuerdo lo antes posible.

Otro encuentro histórico se dio entre Xi Jinping, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, el primero en casi dos años.

Según reportes de prensa, ambos mandatarios coincidieron en su deseo de reducir las tensiones bilaterales. Xi declaró a su homólogo nipón que deberían “dejar a un lado las interrupciones” y tratar de volver a impulsar sus lazos hacia la normalización lo más pronto posible.

Precisamente por su relación de vecindad, China y Japón son países “importantes y cercanos” el uno para el otro, recalcó Xi.

LA SOMBRA DE LA CRISIS

El G20 representa el 85 % del Producto Interno Bruto mundial y dos tercios de la po­blación total del planeta. Desde el 2009, ha desplazado al G-8 y al G8+5 como foro de discusión de la economía mundial.

La economía era el centro de esta Cumbre y el texto final sancionado por los líderes, llamado Consenso de Hangzhou, marca un gru­po de objetivos de trabajo para promover el crecimiento global.

Los países miembros acordaron movilizar todas las herramientas políticas —monetarias, presupuestarias y estructurales— para estimular el crecimiento económico y rechazaron de forma decidida el proteccionismo en el comercio y en las inversiones.

Presente estaba la sombra de otras crisis económicas, como la de la década del 30 del siglo pasado, que fueron potenciadas por las medidas internas y el aislamiento de los mercados locales.

Las cifras del intercambio de mercancías entre las principales potencias y la reducción de los flujos de inversión que se registra en la actualidad, dan señales de que algunos pueden haber olvidado las lecciones del pasado.

La número uno del FMI, Christine Lagarde, recordó el domingo en la noche en una conferencia de prensa la recomendación del organismo de “rechazar con fuerza toda forma de proteccionismo e ir adelante con el desarrollo de un comercio libre e igualitario que es vital para el crecimiento global”.

Sin embargo, el mundo enfrenta una ola de políticos populistas que rechazan este tipo de intercambio y prefieren justificar los problemas locales con causas externas. Y lo preocupante es que ese discurso demagogo genera cada vez más adeptos.

En lo que sí coincidieron los asistentes fue en destacar el papel de China como anfitrión. Xi Jinping calificó la reunión de “un gran éxito” y destacó la guía del Consenso de Han­g­zhou para avanzar en el futuro.

La cumbre del G20, con la diplomacia chi­na cuidando cada detalle, dejó sin duda algunos resultados positivos, pero dejó ver también las profundas divisiones que persisten entre las potencias en un contexto internacional cada vez más convulso.

tomado de Granma.cu

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